La chirimoya (Annona Cherimola) es una fruta que pertenece a la familia de las Anonáceas y es fruto del chirimoyo, árbol que puede alcanzar hasta 8 metros de altura. Su origen se encuentra en los Andes peruanos y en las montañas de Ecuador, donde crece espontáneamente. Los españoles, cuando descubrieron América, la denominaron “manjar blanco”.
Es un fruto de invierno. Tiene forma de corazón, con un tamaño de entre 7 y 12 centímetros y de un peso que puede oscilar entre los 100 y los 1.000 gramos. De color verde, su piel es reticulada muy característica, y contiene una pulpa blanca y cremosa, aromática y refrescante, de sabor dulce. En su interior almacena muchas pepitas negras aplastadas: según la variedad, tiene más o menos pepitas.
Su componente mayoritario es el agua. Destaca su aporte en hidratos de carbono, entre los que encontramos la glucosa y la fructosa. Es una buena fuente de potasio y vitamina C: el potasio es un mineral muy necesario para la actividad muscular normal y para la transmisión del impulso nervioso. Su aporte de fibra mejora el tránsito intestinal.

Es una fruta dulce, sabrosa y jugosa, muy fácil de comer; basta con partirla por la mitad y tomarla con ayuda de una cuchara pequeña, evitando las semillas. Hay que tener cuidado, pues su piel es muy delicada y hay que consumirla en el momento justo de maduración.
Se recomienda, como toda la fruta en general, tomarla entre comidas.
España es el primer productor mundial (80% de total) y se cultivan principalmente 4 variedades en las costas de Granada.
Fuentes:
- Wikipedia
- Puleva salud
- Consumer Eroski