La coliflor, una hortaliza de la familia de las crucíferas, es un alimento importante dentro de nuestra dieta, pues además de ser muy beneficiosa para la salud tiene propiedades protectoras contra algunos tipos de cáncer. Debido a su gran contenido en agua y su mínimo aporte calórico, es una hortaliza muy recomendada en dietas de adelgazamiento.
Su mal olor durante la cocción le ha acarreado mala fama, y sin embargo es un alimento muy saludable y, según cómo se cocine, delicioso. Los romanos sólo la usaban contra los dolores de cabeza y la diarrea.
Es extraordinariamente depurativa y diurética. Rica en fibra. Sorprende su alto contenido de vitamina C lo que la convierte en un excelente antioxidante y un buen aliado contra infecciones y resfriados. Rica en vitamina B6, necesaria para el sistema nervioso.
En su contra tiene solamente que es un alimento, a veces, de difícil digestión y puede provocar flatulencia, debido a la fibra y los compuestos de azufre, aunque no tanto como la col. Resulta más suave si se cuece con comino o hinojo.
Esta crucífera pertenece a la misma familia que la col, el brécol (o brócoli) o las coles de Bruselas. La parte comestible es la flor (de ahí su nombre), que debe tener color blanco, y tiene un peso medio entre 700 y 1200 grs. Se cultiva de octubre a mayo, aunque los meses de mayor producción son diciembre y enero.
Existen numerosas variedades, de las que destacaríamos por su color la blanca y la verde:
- Coliflor blanca: es la variedad más común. Su color blanco se debe a que los agricultores unen por encima de la mata las hojas verdes que la rodean. Impiden así la entrada del sol e inhiben el desarrollo de la clorofila, pigmento que les confiere su color verde.
- Coliflor verde: se permite su exposición al sol y por tanto tiene lugar el desarrollo de la clorofila. Esta variedad es más aromática que la anterior y contiene más vitamina C.

Para que la coliflor mantenga todas sus propiedades nutricionales, hay que mantenerla en un ambiente fresco y húmedo. Es mucho mejor cocinarla al vapor, pues si se hierve pierde muchas de sus propiedades
El mal olor en la cocción puede evitarse añadiendo una patata y dejando la olla destapada, aunque hay que decir que este mal olor es un buen síntoma, pues lo producen unos elementos azufrados que, al igual que el ajo y la cebolla, son antioxidantes y actúan como desinfectante interno.
Fuentes:
- Fundación Española de la Nutrición (FEN)
- Eroski Consumer
- El Mundo