Las bayas de goji, también conocidas como cerezas goji o wolfberries, son el fruto de un arbusto (Lycium barbarum) que crece de manera natural en las montañas del Tíbet, en pleno corazón de la cordillera Himalaya, y en diversas provincias del sur de China. El arbusto, que puede alcanzar los 5 metros de altura, tiene las ramas espinosas y las hojas alargadas, enteras y algo gruesas. Las flores, de color rosado o violeta, tienen un cáliz acampanado y una corona con cinco lóbulos, y el fruto (goji) es una baya ovoide carnosa de color rojo o anaranjado.
Según la medicina tradicional china, estas bayas de goji se consumen desde hace cientos de años y se les atribuye la propiedad de aumentar la vitalidad y de contrarrestar la fatiga. Esto es debido a son muy ricas en carbohidratos, proteínas, grasas y fibras. También se utiliza como diurético e hipotensor (ayuda a bajar la presión arterial), y para prevenir resfriados, ya que son una fuente de vitamina C importante.
Pero la característica que diferencia a las bayas de goji del resto de bayas o frutas rojas es que son las que aportan mayor cantidad de antioxidantes (por ejemplo, 10 veces más que los arándanos o 16 veces más que las fresas). Es por ello que se han utilizado desde tiempos inmemoriales en la medicina china para fortalecer el sistema inmune, para mejorar la visión y para proteger el hígado y los riñones.
En la siguiente tabla se muestra el índice de antioxidantes de diversos vegetales, donde el Goji se destaca muy por encima del resto, lo que explica que sea considerado como uno de los alimentos más potentes contra el envejecimiento.
Las bayas de goji se pueden comer crudas o se pueden preparar como bebida (como zumo mezclado con agua, como infusión, destilándolas en forma de licor o con la cerveza).