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No hay vida sin agua
El agua representa el 65% del peso de un adulto (33 litros en una mujer de 55 kilos), y dos terceras partes del líquido están repartidas por las células, los tejidos y diversos órganos. Entre sus funciones fisiológicas destaca su labor de transporte por todo el organismo de los diferentes nutrientes esenciales (vitaminas, minerales y los oligoelementos).
Además, ayuda a eliminar toxinas y elementos indeseables, al tiempo que estabiliza la temperatura corporal alrededor de los 37 grados. Para compensar las pérdidas debidas al exceso de calor o a la deshidratación, es preciso ingerir 2,5 litros diarios.
Una buena cantidad de agua nos llega a través de los alimentos (el pan está compuesto de este fluido en un 35%, carnes y pescados contienen del 60% al 75%, las frutas llegan al 80%, mientras que los aceites y el azúcar no llevan nada).
Es importante beber 1,5 litros de agua, aunque sea sin sed. Lo ideal es comenzar la jornada consumiendo un gran vaso, y repetir a lo largo de la jornada hasta el litro y medio. Es aconsejable consumirla entre horas, por la mañana y por la tarde, y también en las comidas, aunque menos. Si bebemos mucho líquido durante el almuerzo, la dilución excesiva de los jugos gástricos dificulta la digestión.
Las aguas de abastecimiento público están rigurosamente controladas, aunque en algunos puntos, sobre todo del litoral mediterráneo, resultan imbebibles por su sabor. Las aguas minerales contienen sustancias que pueden completar de forma interesante la alimentación, pero su composición varía de unas a otras: pueden ser ricas en calcio, en magnesio y en sodio, aunque estas últimas se desaconsejan a las personas aquejadas de hipertensión.
Es conveniente conocer su composición y tener en cuenta que aquellas con contenidos de bicarbonato ayudan a hacer la digestión. Beber agua es indispensable, pero cada persona tiene la suya. Y seamos claros, el agua no ayuda a perder un solo kilo, en contra de lo que dice el tópico, pero permite eliminar los desechos producidos por el organismo.
El agua regula la temperatura corporal. Por ello, el calor, la humedad y el ejercicio aumentan el requerimiento de agua.
Todas aquellas personas que padecen cálculos de riñón o infecciones urinarias deben beber más líquido, ya que contribuye a la eliminación de residuos.
El envejecimiento está asociado a la pérdida de agua en el organismo. Una correcta hidratación contribuye a mantener la piel tersa y joven.
El agua es el elemento esencial para eliminar las toxinas y los deshechos del cuerpo. A nivel metabólico, participa activamente en todas las reacciones bioquímicas de las células y degrada las grasas, lo que ayuda a que fluya el metabolismo. Las dietas ricas en proteínas y lípidos requieren, por este motivo, más aporte de líquido.
El café, el té, las bebidas alcohólicas y similares no pueden sustituir el agua, porque son diuréticos y aumentan la eliminación de líquido por la orina. Sí se puede complementar la hidratación, en cambio, con bebidas cuya base es el agua, como los zumos de frutas.
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