Reducir el consumo de carnes rojas y productos cárnicos es muy beneficioso para la salud. Ésta es la conclusión de un artículo publicado en la revista Archives of Internal Medicine del 23 de Marzo de 2009, por miembros del Instituto Nacional del Cáncer y de los Institutos Naciones de la Salud y Servicios Humanos, en Maryland, EEUU.
El objetivo del estudio ha sido determinar las relaciones entre el consumo en la dieta de carne roja, carne blanca y productos cárnicos con el riesgo de mortalidad total y de mortalidad debida a causas específicas.
La investigación, de carácter prospectivo, se ha realizado sobre una población de medio millón de personas con edades entre 50 y 71 años al inicio del estudio.
Se evaluó el aporte de carne en la dieta, roja o blanca y de productos cárnicos, así como otras muchas variables (edad, educación estado civil, historia familiar de cáncer, raza, índice de la masa corporal, hábito de fumar, actividad física, aporte energético, consumo de alcohol, consumo de frutas, y vegetales y suplementos vitamínicos).
Como resultados finales del seguimiento prospectivo se valoraron la mortalidad global y la mortalidad debida a cáncer, enfermedad cardiovascular, traumatismos y muertes súbitas, entre otras causas.
Los resultados fueron los siguientes:
- Con respecto a la carne roja, se observó un incremento de la mortalidad global, debida a cáncer y a enfermedad cardiovascular, así como a otras causas de muerte, tanto en hombres como en mujeres. Los mayores niveles de consumo de carne roja se asociaban con la mayor mortalidad.
- Con respecto a la carne blanca se halló una asociación inversa entre el consumo de carne blanca y la mortalidad (a mayor consumo, menor mortalidad). En contraste, se demostró un pequeño incremento de mortalidad de causa cardiovascular.
- Con respecto a los productos cárnicos (carnes procesadas), se demostró un aumento de mortalidad global, por cáncer, por enfermedad cardiovascular y por otras causas, asociado a su mayor consumo en la dieta.
Las conclusiones son las siguientes: El consumo de carnes rojas y productos cárnicos, así como las dietas preferentemente cárnicas (dieta de Atkins), se asocia con un incremento modesto de mortalidad global, por cáncer y por enfermedad cardiovascular, tanto en hombres como en mujeres.
Por el contrario, las dietas con aporte elevado de carnes blancas se asocian con un pequeño descenso de la mortalidad global y de la causada por el cáncer.
Un editorial que acompaña al artículo comentado se pregunta: ¿Qué debe hacer el médico de asistencia primaria cuando se le plantee por el paciente esta cuestión?: ¿Comer o no comer carne roja?. La respuesta más apropiada debe ser aconsejar consumir cantidades pequeñas o moderadas de carne roja y productos cárnicos, para reducir el riesgo de desarrollar un gran número de enfermedades crónicas.
A pesar de la popularidad de la dieta de Atkins, que favorece el consumo elevado de proteínas, con la carne roja como fuente principal, hay otras muchas fuentes de proteínas más aconsejables como la carne de pollo, el pescado y las legumbres.
Fuente: Archives of Internal Medicine