Rossini y los macarrones

Hay una anécdota curiosa respecto de este tradicional plato italiano. Ocurrió en 1916, cuando un empresario del teatro San Carlo, de Nápoles, le encargó a Giocchino Rossini, autor de "El barbero de Sevilla", una ópera sobre el Otelo, de Shakespeare, y le ofreció alojamiento en su palacio para que se dedicara especialmente a trabajar en ella.

MacarronesEl alegre compositor estuvo allí seis meses, bebiendo, comiendo e invitando a sus amigos pero sin trasladar una nota al pentagrama.

Cansado, el empresario ordenó que lo encerraran en su habitación y lo conminaran a comer todos los días dos platos de macarrones hervidos y sin ningún condimento, al menos hasta que compusiera la ópera. Cuarenta y ocho horas más tarde, Rossini había terminado el preludio de la obra y en poquísimos días salieron los tres actos que la componían.

Tras ser liberado, el feliz empresario festejó con un banquete. Sin embargo, poco tiempo tardó en darse cuenta de que los tres actos no eran más que la repetición del preludio y que el pícaro italiano los había adaptado apenas a los cambios del diálogo.

Además de compositor, Rossini fue creador de otros muchos platos de pastas. En las cartas que enviaba desde París a sus coterráneos se quejaba de la mala calidad de este tipo de comidas. Así, un día llegó a crear él mismo un plato que luego haría famoso a su apellido: los "canelones a la Rossini".

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Domingo, 7 de Septiembre del 2008

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