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Vitamina C para un corazón sano
En un estudio prospectivo, con una duración de 4 años, realizado en el Instituto de Salud Pública de la Universidad de Cambridge, Kay-Tee Shaw y su equipo, tras el análisis de los resultados obtenidos en la población reclutada, en la que relacionaron los niveles de ácido ascórbico (vitamina C) en el plasma y la mortalidad en hombres y mujeres, por todas las causas, por enfermedades cardiovasculares, por isquemia del miocardio y por cáncer, se llega a la conclusión de que un incremento en la ingestión de alimentos ricos en ácido ascórbico (verduras y frutas) puede reducir el riesgo de muerte por enfermedades cardíacas en ambos sexos.
Los autores midieron las concentraciones plasmáticas de ácido ascórbico en 19.496 hombres y mujeres con edades comprendidas entre 45-79 años, una población que fue seguida durante los 4 años que duró el estudio. La concentración de ácido ascórbico en el plasma se relacionó inversamente con la mortalidad por todas las causas, por enfermedad cardiovascular y por miocardiopatía isquémica tanto en el hombre como en la mujer; es decir, a mayor concentración de vitamina C en el plasma menor mortalidad.
Un aumento la concentración de vitamina C en el plasma (equivalente en la práctica a un incremento de 50 gr. diarios en la ingestión diaria de frutas y verduras) se asoció con una reducción del 20% del riesgo de mortalidad por todas las causas independientemente de la edad, la presión sistólica, la concentración de colesterol, el hábito tabáquico, la diabetes y la utilización de suplementos en la dieta.
La concentración de vitamina C en plasma se relacionó inversamente con la mortalidad por cáncer en el hombre, pero no en la mujer.
A pesar de que los resultados de los numerosos estudios acerca de la relación de la vitamina C con la mortalidad por determinadas enfermedades -sobre todo cardiovasculares y cáncer- son controvertidos, este estudio ha sido calificado de muy bueno en su planteamiento metodológico y "sus resultados refuerzan el mensaje de la salud pública acerca de los beneficios potenciales de comer frutas y verduras."
Sin embargo -según Hugh Tunstall-Pedoe , profesor de epidemiología cardiovascular en la Universidad de Dundee- queda abierta la cuestión de por qué los estudios con intervención directa no han producido resultados más positivos.
Fuente: The Lancet
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